Por qué salen y cómo curarlas. Qué hacer y qué no cuando se acumula líquido

Una ampolla es una acumulación de líquido, a veces
sanguinolento, que se produce normalmente por el roce o la fricción. Esta
pequeña burbuja que aparece en la capa más superficial de la piel, la
epidermis, es un mecanismo de defensa para proteger las capas más internas.
Su aparición puede deberse a varios factores. Algunos requieren
una revisión médica como lo es el comúnmente llamado “Pie de atleta”. Esta una
patología típica en los pies de deportistas y puede darse debido a la excesiva humedad que
se acumula en la zona o en un punto de mucha fricción del pie con el calzado. Como se puede propagar, es aconsejable que un
profesional explore la piel para administrar un tratamiento lo antes posible.
Otra anomalía común que podemos encontrar es el “Espolón
calcáneo”. Es el crecimiento del hueso del talón y que genera un roce
excesivo con el calzado.
Algo que puede sufrir el pie son las “Quemaduras”. Ya sea por
el sol, por químicos o por calor se pueden producir ampollas que necesitan
control médico para evitar una infección.
Otras “infecciones o reacciones” como puede ser una dermatitis, infecciones como la varicela o reacciones alérgicas también son causas de la aparición de ampollas y necesitan ser tratadas.
Aunque no es lo más habitual, hay ocasiones en las que son
la señal de un problema de salud y hay que consultarlo con un especialista en
dermatología. Algunos de ellos son epidermolisis ampollosa, eritema multiforme
y pénfigo. En la mayoría de los casos las ampollas se curan solas. Pero podemos
hacer que sanen más rápido.
Acá van unos consejos que pueden ayudarte con las ampollas:
Limpiá la zona. Lavate las manos y mantené la zona bien limpia
y desinfectada. Los lavados con agua y jabón son suficientes.
Secá bien el pie. Hacelo con gasas y, posteriormente, aplicá un
antiséptico como la clorhexidina o la povidona yodada (siempre que no seas alérgico
al Yodo). No uses alcohol porque te quemará la piel.
Aplicá un apósito para ampollas. Vigílala diariamente, aplicá
el antiséptico y cubrila con apósitos especiales para ampollas, ya que
favorecen la cicatrización. No lo quites hasta que este se desprenda. Evitá
tirar de él en la dirección contraria a la piel para no romperla. Cuando se
despegue, volvé a limpiar la ampolla y cubrila con otro nuevo hasta que se
cure. El Tegaderm® – Film puede ser una buena opción para cubrir la zona.
No la explotes. Está comprobado que el líquido que contienen
ayuda a la creación de la nueva capa de piel y protege contra infecciones, por
lo que se recomienda no explotarlas, por riesgo a que se infecten. En el caso
que se explote por cualquier motivo, jamás retires la piel que recubre porque
esta protege las capas internas de la piel y favorecerá la reconstrucción del
tejido epitelial
Acudí a una guardia. Si te molesta mucho y es muy grande así la
drenan. No olvides que una ampolla abierta puede ser la puerta de entrada al
cuerpo de muchos agentes bacterianos que pueden producir infecciones
importantes.
Cómo evitarlas
Usá medias: siempre que estrenes zapatos o cuando hagas el
“cambio de armario” llevalos unos días por casa y usá medias.
Pies siempre secos: la humedad favorece la aparición de
ampollas, por ello, es importante que antes de calzarte te asegures de que
están bien secos, sobre todo, si vas a dar largas caminatas. Evitá también usar
calzados que no se adapten a pie y provoquen arrugas dentro del calzado. Utilizar
talco en polvo o utilizar productos en aerosol puede ser una buena manera de
mantener al pie seco. Nunca utilizar durante el día productos húmedos como cremas
o lociones ya sea para combatir hongos o para humectar la piel. Los pies,
durante el día deben estar secos y ventilados. Por las noches, durante el
descanso, es el momento en que se pueden utilizar cremas o lociones para pies.
Usá apósitos para ampollas: colócalos en las zonas de mayor
roce o en las áreas de presión. Con ellos, protegerás la piel y podrás evitar
que la fricción dañe la epidermis. La gran mayoría de las ampollas, sobre todo en
los juanetes, en zonas como la planta de los pies o el talón se deben a un
excesivo contacto con el calzado, un roce o fricción o, inclusive, puede ser un
punto de mucha presión contra el calzado. Es fundamental poder localizar el
sitio de la ampolla en referencia al calzado y observar si no hay un desgaste
irregular o si presenta signos de fricción o presión. Es allí donde se debe
colocar un apósito para ampollas.
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